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El Carbunclo o Carbunco es una criatura relacionada con el oro y la ambición.

Iconografía Editar

Se han registrado varias apariencias distintas para este animal fantástico, y con ellas, también leyendas diversas.

Historias Editar

El Carbunclo es descrito como un ser con forma de choclo con más de cuatro patas, y que de entre sus articulaciones desprende una luz que puede ser vista a distancia. El brillo se produce porque en su interior tiene oro. Si alguien logra hacerse con él, tendrá dinero siempre. El problema es que cuesta atraparlo, por su finísimo oído y porque es simila

r a una piedra común cuando se cierra.

Otra historia cuenta que el Carbunclo es como un gato y que tiene un mechón de pelos dorados en la barbilla. Quien logre hacerse con el mechón luminoso, será rico por siempre.

Se dice que este animal se aparece a los buscadores de tesoros, guiándolos en un comienzo, para luego perderlos en la noche. El mito popular sostiene que los chamanes necesitan beber alguna pócima para poder distinguirlo en la noche y seguirlo en la búsqueda de algún tesoro precolombino.

Aparece ocasionalmente en las noches oscuras y en los lugares solitarios. La persona que se llegue a encontrar con este ser, puede resultar favorecida, pues quienes conocen de esta leyenda cuentan que el Carbunco entrega y vomita una bola de oro incrustada de piedras preciosas. Pero quien recibe esta joya no debe mostrarse ambicioso, porque si lo hace, el Carbunco lo descubre, quita el tesoro y se lo traga nuevamente, desapareciendo inmediatamente en la oscuridad, mientras que la persona que se mostró ambiciosa puede quedar ciega o paralizada.

También se describe al Carbunco como un gato negro con un diamante en la frente que emite un gran destello. Los individuos que lo encuentren deben perseguirlo con un pañuelo o manta blanca para atraparlo y quitarle la piedra preciosa de su frente. No obstante, quien ha logrado capturar al Carbunco y le ha arrancado el diamante, es interpelado luego por éste, quien con una voz llorosa suplica que devuelvan la gema, por la cual este ser sobrenatural está dispuesto a dar cualquier cosa. Aprovechándose de esto, sus captores le piden algo y cuando le devuelven el diamante, el Carbunco desaparece y con él todas las esperanzas de hacer realidad sus ambiciones.

Animal del tamaño de un topo pequeño, provisto de una caparazón que le cubre toda la parte superior del cuerpo. Vive en cuevas subterráneas, próximas a yacimientos inexplotados de oro y plata, metales que constituyen su alimentación, como ocurre con el alicanto, de los cuales está repleto su estómago y formada macizamente su aludida caparazón, nada de protectora en el caso de este ser mitológico, ya que la potente luminosidad que ella despide, junto con la elección de sus guaridas, lo hacen doblemente codiciado por los mineros, de quienes huye al percibirlos con su portentoso oído, hasta el escondrijo más inmediato, o a falta de este, cavando una nueva madriguera, con la prisa que su peso le permite.